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18.5.07

El amor que ha acabado con el presidente del Banco Mundial

El presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, tiene desde hace semanas unas ojeras que revelan noches sin dormir, pero sus desvelos no se deben al mundo en desarrollo, sino a una mujer que, finalmente este viernes, le ha costado el puesto. Tras más de un mes de tira y afloja, el Consejo Ejecutivo del Banco Mundial ha aceptado la dimisión de Wolfowitz, efectiva a partir del 30 de junio de este año.
Shaha Ali Riza, una británica de origen libanés y compañera sentimental de Wolfowitz, es, según varios funcionarios del Banco que han trabajado con ella, una mujer ambiciosa, dura, inteligente y muy bien conectada. "Yo creo que lo que más destacaría de ella es su ambición", afirma una empleada del Banco Mundial que conoce personalmente a la novia de Wolfowitz. Otro compañero la define como una persona "muy ideológica", firme creyente en la idea de extender la democracia a los países árabes y una apasionada defensora de los derechos de las mujeres en el mundo en desarrollo.
Riza, quien antes de ser transferida temporalmente al Departamento de Estado en septiembre del año 2005 trabajaba como responsable de comunicación en el Departamento del Banco Mundial para Oriente Medio y el Norte de África, se labró también fama de jefa solidaria y leal a su equipo durante sus ocho años en el organismo.
La mujer que se ganó el corazón del neocon Paul Wolfowitz es una musulmana secular poco amante del maquillaje y las joyas. Los que trabajaron con ella la describen como una mujer más bien delgada que suele llevar el cabello tirando a corto, que viste de forma discreta y a la que es raro ver con faldas. "Vanidosa desde luego no es", señala una antigua compañera.
Riza, de 52 años, pasó su niñez entre Libia y Arabia Saudí, y tiene una sólida educación, que incluye una licenciatura del prestigioso centro académico London School of Economics y un máster en Ciencias Sociales de la Universidad de Oxford (Reino Unido). Fue en Oxford donde conoció a su ex esposo, el chipriota Bulent Aliriza, quien trabaja como experto en temas de Turquía en el Center for Strategic and International Studies, con sede en Washington. La pareja tuvo un único hijo, de quien Riza hablaba a menudo con sus compañeros de trabajo en el Banco Mundial. Tras trasladarse a Estados Unidos con su marido, de quien está divorciada, la carrera profesional de Riza se concentró en asuntos relacionados con Oriente Medio. A principios de la década pasada entró al National Endowment for Democracy, donde conoció a Wolfowitz, quien era miembro del consejo de administración del centro, dijo recientemente al diario The Washington Post el periodista turco Cengiz Candar, un amigo de la pareja. Wolfowitz estaba entonces casado y no sería hasta años después, tras el divorcio de Riza y la separación de Wolfowitz, que empezaron a salir juntos.
Riza trabajó durante algún tiempo en la Iraq Foundation, un instituto que respaldaba a los exiliados iraquíes contrarios al régimen del ajusticiado dictador Sadam Husein. En abril del 2003, cuando Wolfowitz era el número dos del Pentágono, viajó un mes a Irak, donde trabajó, sin sueldo, con un contratista del Departamento de Defensa en temas relacionados con la formación de un nuevo gobierno. Su entrada en el Banco Mundial fue muy anterior a la llegada de Wolfowitz, cuando nada hacía prever que el entonces decano de la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad Johns Hopkins (Washington) se convertiría en su jefe. El romance fue durante años uno de los secretos mejor guardados de Washington, a pesar de que ambos se prodigaban juntos en actos sociales con altos funcionarios y periodistas. Wolfowitz ha reconocido que su decisión de fijar los detalles de las condiciones laborales de Riza fue un error. Ella sostiene, pese a su abultado sueldo, que fue una víctima y que dejó la institución financiera en contra de su voluntad. De momento, esas discrepancias no parecen haber afectado a su relación que, según distintos medios, sigue adelante contra viento y marea.

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