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7.7.09

La crisis encapsula a las matrioskas

Las muñecas matrioskas, como el caviar o el vodka símbolo de Rusia, podrían verse abocadas a la desaparición como consecuencia de la tormenta financiera internacional que ha sumido a las economías del mundo en una recesión galopante. Creadas en 1890, durante la era soviética el negocio era monopolizado por el Estado, que ejercía su paternalismo con una producción planificada que garantizaba de antemano la exportación de un 80 por ciento de estos souvenirs tan típicos. Como es bien conocido, estas muñecas artesanales están huecas en su interior para albergar una nueva muñeca dentro, y ésta a su vez otra, y así sucesivamente hasta un número variable que puede ir desde cinco hasta el que se desee, aunque es raro que sobrepasen la veintena.
Emparentada con las venus rechonchas del paleolítico y antítesis de Barbie, la matrioska se originó en Japón, aunque fue un comerciante y artesano ruso llamado Serguéi Maliutin quien a finales del siglo XIX implantó y popularizó en su país la idea de encapsular unas muñecas dentro de otras. Tras originarse talleres familiares dispersos, en 1916 se creaba la primera cooperativa.
Hasta le llegada de la crisis, estas muñecas eran uno de los principales souvenirs solicitados por los turistas en Rusia. Como consecuencia de ello, el sector había aumentado la variedad de las mismas, pero ahora las cosas han cambiado y los fabricantes comienzan a estar muy preocupados porque las ventas se han hundido un 90 por ciento desde que la economía rusa comenzó también a sufrir los efectos devastadores de la crisis.
Los productores explican que la caída de las llegadas de turistas, junto con la menor demanda interna, han llenado los almacenes de matrioskas que no pueden vender. Por ello la única solución que consideran viable es que el Gobierno ruso acuda al rescate de esta industria tradicional del país. Todo ello a pesar de que los fabricantes han acometido en los últimos años estrategias para renovar el producto. Un ejemplo de este cambio es la existencia de matrioskas caracterizadas como estrellas musicales, políticos y hasta delincuentes. Ejemplos de estos personajes son el primer ministro ruso Vladimir Putin, el cantante Elvis Presley o el terrorista Osama Bin Laden entre otros. Incluso en una reciente entrevista del presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, en una televisión rusa, la cadena le regaló una muñeca al inquilino de la Casa Blanca con su propia imagen.
De momento, el Gobierno ruso ha prometido gastar 30 millones de dólares en adquirir matrioskas para que sirvan de regalos, pero la opinión pública se pregunta si es adecuado emplear el dinero de los contribuyentes en comprar muñecas, aunque sean un símbolo patrio.

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