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9.3.11

Li Wei, la concubina que amasó una fortuna

Li se ha convertido en el paradigma de las nuevas concubinas o "er nai", que ya no se conforman con lujos, un apartamento y un deportivo, sino con hacerse con activos en sectores clave empresariales, en este caso, de la segunda potencia económica, o sea, China. Li Wei despierta admiración y respeto en no pocos por encarnar el "sueño chino": sus activos de 2.000 millones de dólares están repartidos por una veintena de empresas de sectores como el del tabaco, inmobiliarias, publicidad, petróleo y bolsa.
El nombre de Li, mujer de 1,65 m de altura, rostro ovalado y larga melena, circula por las redes sociales tras poner al descubierto la idiosincrasia de la economía y la política chinas, basadas en una red de amiguismos o "guanxi" destinada a lograr rápidamente enormes cuantías de dinero de forma fraudulenta. ¿Pero quién es esta atractiva mujer de piel clara, con gusto por la ropa llamativa y en no pocos sitios descrita como una "máquina carente de sentimientos"?
Vietnamita (con sangre francesa) de 48 años de edad, se refugió con su padre en China cuando solamente tenía 7 años y fue en la provincia suroccidental de Yunnan donde empezó a vender cigarrillos y a utilizar su belleza hasta encandilar a Zheng Shaodong, funcionario de la policía de Cantón, que le concedió en 1996 dos permisos falsos de residencia en China.
Su olfato para los negocios atrajo a su futuro marido, el responsable provincial de tabacos, a través del cual conoció al gobernador Li Jiating, que convertido en su amante concedió a la joven en 1993 fondos y cuotas de exportación de tabaco a cambio de que ella obtuviera la residencia para su hijo en Hong Kong.
Divorciada y con inversiones en dos firmas, Li Wei mantuvo relaciones con Du Shicheng, secretario del Partido Comunista en Shandong, a través del cual llegó a ser la magnate provincial del ladrillo e iniciar en 2002 sus inversiones en Pekín. Fue Du quien le presentó a su amigo, el entonces presidente de Sinopec, Chen Tonghai, quien también mantuvo una relación con Li, y a la que agasajó con millones de acciones de las subsidiarias de la petrolera estatal y doscientas gasolineras en Pekín.
Entre su red de protectores, se encontraba su amigo Wang Yi, vicepresidente del órgano regulador bursátil de China, por el que obtuvo pingües beneficios en los parqués locales.
... ... ... Y ahora, Pekín ha censurado una investigación sobre Li Wei, una concubina que amasó su inmensa fortuna supuestamente a cambio de favores sexuales a una quincena de altos cargos de la élite comunista que se encuentran entre rejas. Y es que sí: la mayoría de sus amantes están ahora encarcelados por el testimonio de la propia Li, quien no dudó en exponerlos y en entregarse para conseguir una pena indulgente. Li es el común denominador de esos quince altos cargos del Partido Comunista condenados a pena de muerte o cadena perpetua por casos de corrupción en los que se implicaron por ella, mientras Li, aparentemente, se va de rositas. ¿Por qué?
Entre las "víctimas" de Li figura el ex presidente de la petrolera estatal Sinopec: el mencionado Chen Tonghai; el ex gobernador de Yunnan Li Jiating, sentenciado a muerte por corrupción en 2003; o el teniente de alcalde de Pekín Liu Zhihua, responsable de preparar los Juegos Olímpicos y condenado por aceptar millones en sobornos.
Por su parte, Li fue condenada por un delito de evasión de impuestos en 2006 y salió este año de la cárcel, antes de cumplir su condena, por el temor de las autoridades a que publique su diario, en el que podría implicar a cargos de mayor rango.
Y es que a pesar de las campañas anticorrupción del régimen, el caso de Li Wei aporta un atisbo sobre cómo se compra el poder entre bambalinas en China. El caso ha sido censurado porque no se trata de un suceso aislado sobre el cual las autoridades puedan aplicar un castigo ejemplar (además de que todos los casos de corrupción por encima de las alcaldías se censuran y están sujetos a otras restricciones). Ella es posiblemente el mayor exponente de una vieja tradición que resurgió en el sur de China a principios de los años noventa del pasado siglo XX, principalmente en la provincia de Guandong. Numerosos empresarios que se trasladaban en viaje de negocios mantenían una o varias jóvenes chinas. Les alquilaban una habitación de hotel, les dejaban una renta para comprarse ropa o ir a los salones de estética. Al cabo de un tiempo les compraban un apartamento y un coche. Pronto los empresarios de Catón les imitaron. A partir de 1993, la moda se extendió a Shanghai y luego a Pekín. Así, a mediados de los años noventa, se convirtió en una práctica extendida por toda China el hecho de que los nuevos ricos del país asiático dispusieran de una amante, fascinada por el lujo y la posibilidad de vivir a todo tren.
Mientras, con la mayor parte de sus activos extranjeros intactos, Li Wei reside en Hong Kong, y sigue disfrutando de la vida...

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