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31.7.09

Toca apretarse el cinturón: nuestros difuntos al jardín de casa

En los últimos años, en los Estados Unidos, los entierros o funerales en la propia casa se han popularizado y cada vez son más las familias que escogen esta opción que permite velar o dar sepultura a sus allegados de una forma más íntima, natural y, por supuesto, económica.
Y es que en una época en la que millones de estadounidenses pasan serios apuros para cumplir con los pagos de su hipoteca, costear los más de seis mil dólares que cobran de media las funerarias y que no incluyen gastos de incineración o entierro es un lujo que muchos no pueden permitirse.
Dependiendo del tipo de ceremonia, ataúd y otros detalles, un entierro puede llegar a salir por la friolera cifra de veinte mil dólares. Por contra, dar sepultura a un ser querido en el propio hogar puede costar unos pocos cientos de dólares generalmente destinados al pago del ataúd o a los costes de cremación.
La factura es algo más alta si se contratan los servicios de lo que ya se conoce en el país norteamericano como "director de funeral" o, incluso, "comadrona funeraria", pero no superan en ningún caso los tres mil dólares. Esta persona acompaña en el duelo y ayuda con todos los detalles del desconocido y no siempre sencillo proceso de enterrar un difunto. Muchas familias optan por un cementerio tradicional, pero prefieren contar con ayuda para organizar el velatorio en la propia casa.
Al amparo de la creciente demanda y el interés de la generación del "baby-boom" sobre esta opción, ya existen en Estados Unidos al menos cuarenta y cinco organizaciones dedicadas a organizar funerales domésticos, ¡cuarenta y tres más que hace dos años! Una de las más veteranas es Thresholds Home Funerals, de San Diego, que en sus seis años de historia ha ayudado a unas cincuenta familias a sepultar o velar a sus seres queridos en casa. La empresa presta a sus clientes una amplia gama de servicios, que van desde ayudar con la preparación del cuerpo, facilitar trámites burocráticos o, simplemente, consolar y prestar apoyo moral. Y es que, según parece, cuanto más apoyados se sienten los allegados del difunto, más quieren participar en los preparativos, algo que, aseguran los expertos, ayuda en el proceso del duelo. "Si la familia quiere, nosotros podemos lavar y vestir el cuerpo, pero cuando apoyamos a los familiares, normalmente prefieren hacerlo ellos solos".
Sin duda se ha notado un reciente crecimiento en la demanda de este tipo de servicios, aunque no todos parecen estar de acuerdo en relacionarlo directamente con la actual recesión económica sino más con el aumento de la información sobre el tema. "Más gente ve que esta opción vuelve a ser posible", comparando el fenómeno con lo que está ocurriendo, por ejemplo, con los partos en casa, también cada vez más populares en algunas partes del país americano.
Sin embargo, el decidir libremente dónde descansarán nuestros huesos puede complicarse en el futuro debido a las trabas gubernamentales. Actualmente, cuarenta y cuatro estados, además del distrito de Columbia, dan total libertad a los allegados para disponer de los restos de sus seres queridos. Generalmente, las familias sólo necesitan un certificado de defunción y un permiso de las autoridades locales si van a enterrarlo en su propiedad (el jardín).
Apoyados por la industria funeraria, algunos estados han tomado recientemente medidas para restringir la práctica de los funerales domésticos. Oregón, por ejemplo, aprobó el pasado mes una ley que exige a las "comadronas funerarias" que obtengan una licencia para poder ejercer, algo que no requiere ningún otro estado, hasta la fecha.

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