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8.4.09

La ayuda que mata

'Dead Aid' es el título de un libro de la economista africana Dambisa Moyo que controvertido como ninguno no dejará indiferente a nadie que lo lea, y mucho menos si el que lo descubre es alguno de los muchos economistas de pensamiento neokeynesiano que inundan el análisis actual sobre las soluciones para salir de la crisis económica. Nacida y criada en Zambia, y con una carrera profesional que la llevó a trabajar durante una década en el Banco Mundial y en Goldman Sachs, la economista realiza en su libro un estremecedor recorrido por los países del África negra y su principal enfermedad: los dirigentes corruptos que lo único que tienen que hacer para permanecer en el poder es cortejar y ofrecer sus servicios a los donantes extranjeros.

En él, su autora rechaza las críticas a Occidente de personajes tan mediáticos como Bono, el cantante de U2, o Bob Geldof, que se han caracterizado por pedir ayudas directas al continente africano para que pueda salir de la pobreza extrema en la que está inmerso. La tesis principal del libro es que la ayuda de los países occidentales está matando a África. Una vez superado el rechazo inmediato que genera este argumento en nuestras mentes inundadas por el pensamiento progresista políticamente correcto la economista africana justifica su enfoque con muy sólidos argumentos abogando por detener las ayudas económicas a los países africanos, excepto en caso de calamidades o catástrofes puntuales (como sucede cuando hay un terremoto o una sequía en el primer mundo), dejando que el continente construya una economía propia en el curso de los próximos cinco años.

El principal argumento de la economista para abolir la actual estructura de ayudas es que la mayoría de gobernantes africanos siguen en sus puestos porque el dinero sigue llegando desde Occidente. Los responsables políticos (en su mayoría tiranos o dictadores disfrazados de demócratas) no están obligados a mantener y mejorar las infraestructuras de sus países respectivos, porque se da por hecho que no tienen capacidad para ello. De esta forma, los dirigentes africanos no tienen responsabilidad alguna de lo que pasa y pueden seguir empleando el dinero en lo que les parezca oportuno, siempre ligando el gasto a su beneficio personal. En cuanto a los habitantes, sólo pueden sobrevivir gracias a la caridad, no aportan nada a las economías de los países y carecen de la mentalidad adecuada para exigir a sus gobernantes que cumplan con sus deberes.

Cincuenta mil millones de dólares llegan cada año a África de ayuda internacional y aún se ve la evidencia abrumadora que demuestra que esta ayuda ha hecho más pobres a los pobres. Además, el crecimiento es muy lento y deja a los países Africanos más endeudados, más propensos a la inflación, más vulnerables a los cambiantes mercados financieros, y son poco atractivos para recibir inversión extranjera. Por este motivo, crece el riesgo de conflictos civiles y disturbios. La economista afirma que la ayuda es un desastre absoluto, tanto en lo económico como en lo político y humanitario, por lo que debería terminar e introducir alternativas.

Durante los últimos sesenta años, se han transferido desde los países ricos a África miles de millones de dólares en ayuda al desarrollo. Sin embargo, la renta per cápita hoy es menor de lo que lo era en los años 70, y más del 50 por ciento de la población (350 millones de personas) vive con menos de un dólar diario, una cifra que casi se ha doblado en dos décadas.

Hasta el victimismo de algunos colectivos africanos es denunciado en la obra de Dambisa Moyo. Así, explica como China tiene una población de 1.300 millones de personas y sólo 300 millones viven con estándares occidentales de vida. "Hay 1.000 millones de chinos que viven en condiciones por debajo de ese estándar. ¿Conoce usted a alguien que esté preocupado por China? A nadie”. "Hace cuarenta años, China era más pobre que muchos países africanos. Sí, hoy tienen dinero, pero ¿de dónde ha venido el dinero? Ellos han construido (ese desarrollo), han trabajado muy duro para crear una situación en la que no dependen de la ayuda humanitaria”, añade Moyo.

Y para quienes la califiquen de tremendista, en un artículo publicado por el rotativo británico 'The Independent', Moyo abre una puerta a la esperanza de África en medio de la crisis financiera internacional: “La cura a la ceguera que provoca la ayuda humanitaria a África se encuentra precisamente en la crisis del crédito. Estos tiempos de oscuridad económica suponen una oportunidad para que África demuestre que finalmente puede contribuir de forma significativa a la economía mundial, en lugar de claudicar y ser vista como una carga para ella de forma indefinida".

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